La contaminación lumínica tiene solución

La constitución española de 1978, en artículo 45 dice:

  1. Todos tienen el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo.
  2. Los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva.
  3. Para quienes violen lo dispuesto en el apartado anterior, en los términos que la Ley fije se establecerán sanciones penales o, en su caso, administrativas, así como la obligación de reparar el daño causado.

Todos nos hemos fijado en que el cielo nocturno de las grandes ciudades tiene un color rojizo y apenas se ven estrellas. Ese color delata la presencia de contaminación lumínica. Se hace especialmente evidente en las noches en que hay cierta nubosidad y la luz que emiten nuestras urbes se refleja a pocos kilómetros sobre nuestras cabezas.

Contaminación

¿Pero qué es exactamente la contaminación lumínica?

Podríamos distinguir dos tipos: la contaminación lumínica natural y la contaminación lumínica artificial (o creada por el hombre).

  • Contaminación lumínica natural: es aquella que proviene de fuentes o procesos naturales. El ejemplo más claro es la luz de la luna pero aún dejando este de lado existen, al menos, otras tres fuentes de contaminación lumínica natural: la luminiscencia nocturna, la luz zodiacal y el brillo de fondo de nuestra propia galaxia. Contra la contaminación lumínica natural no podemos luchar, ni tiene ningún sentido desde el punto de vista de lo que se propone este artículo.
  • Contaminación lumínica artificial: es aquella que proviene de elementos creados por el hombre y que arrojan luz al cielo en intensidades, direcciones, horarios o rangos espectrales innecesarios para innecesarios para la realización de las actividades previstas en la zona en la que se instalan las luces. Esta definición, que está ampliamente aceptada, asume que es necesario que el hombre utilice una determinada cantidad de luz para el desarrollo de actividades nocturnas pero siempre de forma eficiente y respetuosa con el medio ambiente. La contaminación lumínica artificial (en adelante CL) proviene en gran medida de un alumbrado ineficiente de nuestras calles, comercios, carreteras...

Existen estudios médicos que prueban de que la CL altera los ritmos circadianos y deprime el sistema inmunitario de las personas, así como que provoca alteraciones y desordenes en las poblaciones de insectos y otros animales nocturnos. Estas son sólo unas pocas de las consecuencias negativas de la CL pero hay muchas más: desordenes hormonales, celulares, alteraciones de la actividad cerebral, comportamientos migratorios de especies animales, etc.

Contaminación lumínica


Por otro lado, es innegable que el coste económico de una mala iluminación es particularmente elevado.
La asociación Cielo Oscuro establece cinco criterios fundamentales para controlar la CL y el consumo energético:

  1. Control del flujo luminoso directo (qué iluminar): Utilizar luminarias sin emisión hacia el hemisferio superior en posición de instalación. Iluminar los monumentos, fachadas, etc. de arriba hacia abajo y de este mismo modo.
  2. Control del flujo luminoso indirecto (cuánto iluminar): Evitar la sobreiluminación y respetar los niveles de seguridad recomendados por la Comisión Internacional de la Iluminación.
  3. Elección de lámparas adecuadas (con qué iluminar): Intentar utilizar siempre las lámparas de mayor eficiencia luminosa y de menor impacto ambiental por su rango espectral (actualmente vapor de sodio de alta y baja presión).
  4. Optimización del proyecto luminotécnico (cómo iluminar): Menor consumo, una máxima relación interdistancia-altura de las luminarias y un menor coste de mantenimiento a lo largo de toda su vida útil.
  5. Gestión inteligente del alumbrado (cuándo iluminar): instalar programadores de encendido-apagado y reguladores de intensidad para las horas de menor necesidad de alumbrado. Apagar por completo el alumbrado sin uso y restringir los horarios de alumbrado ornamental y publicitario.

En abril de 2009 entró en vigor el nuevo Reglamento de Eficiencia Energética en Instalaciones de Alumbrado Exterior que establece un nivel de 30 lux como suficiente para la realización de cualquier actividad en horario nocturno. Sin embargo, es fácil encontrar niveles superiores a 80 lux.

Existen cinco comunidades autónomas que cuentan con leyes específicas destinadas a combatir la CL lo cual no quiere decir que sean las mejores leyes posibles.

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