La contaminación lumínica

Todos los que vivimos en la ciudad, o cerca de ella, sabemos lo que es la contaminación. Yo vivo cerca de Madrid y, cuando voy al trabajo por las mañanas, veo la ciudad dentro de una gran capa de humo gris. A veces es tan densa que no se distinguen ni los rascacielos. De hecho, cuando se pasea por la ciudad llama la atención que todas las fachadas están manchadas por la polución que se adhiere a sus paredes.

La contaminación lumínica es otro tipo de polución. Por las noches las ciudades brillan con luz propia. Miles de farolas alumbran las calles, miles de carteles luminosos tratan de captar nuestra atención y miles de potentes focos alumbran las fachadas de los edificios y monumentos más significativos. Toda esta luz hace que sea imposible ver el cielo desde una calle de una ciudad.  De hecho, la contaminación lumínica de Madrid es tan grande que el halo que desprende se ve a más de 100 Km.

Contaminación lumínica en Madrid
La contaminación lumínica de Madrid impide ver las estrellas desde la ciudad.


Cuando tenemos la suerte de alejarnos de la ciudad nos sorprende un cielo muy rico donde, por la gran cantidad de estrellas que se ven, nos cuesta identificar las constelaciones más conocidas. De hecho, desde la ciudad resulta imposible ver la Vía Láctea y desde el campo, se ve a simple vista ¡incluso desde debajo de una farola!

Otro hecho que me llamó la atención mientras estaba de vacaciones en Asturias fue que la galaxia de Andrómeda se veía a simple vista. Ni siquiera eran necesarios los prismáticos para distinguir la mancha ovalada de la galaxia.

Galaxia de Andrómeda
La galaxia de Andrómeda.

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