Las Majadas 2011

Ya tenía yo ganas de escaparme a Las Majadas. El año pasado fui por primera vez. Entonces conocí personalmente a mucha gente del foro, como Arbacia, Leonor, Framauro, Murnau, Fobos… Fue un espectáculo ver lo rápido que congeniamos y lo bien que nos acogieron. Así que no veía la hora de cargar el coche y salir disparado hacia Las Majadas.

Según se acercaba el fin de semana, veía que el tiempo cambiaba. A peor, claro. Parece que una maldición se alza sobre todos los amantes de la astronomía. Durante la semana disfrutamos de cielos limpios y despejados. El fin de semana caen chuzos de punta. Y así llevamos desde Enero. El fin de semana de la escapada no podía ser menos. Cuando nos dimos cuenta, las tormentas de primavera-verano nos castigaban a base de bien. El granizo nos amenazaba detrás de cada esquina. Todo apuntaba a que no podríamos hacer ninguna observación. Incluso Arbacia había preparado algún taller alternativo para que no nos aburriésemos en caso de lluvia. Así que tomé una dura decisión: el telescopio se quedaba en casa.

Quería haber salido temprano para llegar a comer a Las Majadas. La comida de Los Callejones, un bar/restaurante de Las Majadas, tiene fama. Parece que el Sr. Antonio prepara unos chuletones que quitan el hipo. Eso sí, con vino de su pueblo. Dice que, ya que no ponen vino de Las Majadas en otros lugares de España, él no servirá otro vino que no sea el de su pueblo. Pero causas de fuerza mayor nos obligaron a Víctor y a mí a salir después de comer. Como no llevábamos el telescopio, cargamos el coche con todo tipo de ropa de abrigo: jerseys, polos de manga larga, polos de manga corta, botas, corta-vientos, plumas, paraguas… Estaba claro que no íbamos a pasar frío. Como había hueco, cargamos las cámaras, los trípodes, filtros, mochilas y ordenadores. Unas latitas y unas botellitas de agua para el camino, y alguna bolsa de comida rápida para matar el gusanillo. Todo superordenado y colocadito en el maletero para que no molestase y pudiésemos coger cualquier cosa.

Tiendas de campaña
Las tiendas indias caraterísticas del camping de Las Majadas.


Ale, carretera y manta. Y manta… de agua. Nos cayó encima el cielo. Gota fría, gota caliente, granizo, barro, pájaros… De todo. Vaya salida de Madrid. Eso sí, no os podéis hacer una idea qué espectáculo era mirar los rayos del Sol atravesar la tormenta. Era tan espectacular que había que tirar una foto. "Víctor, ¿y las cámaras?" "En el maletero, claro". Bien. Suéltate el cinturón, salta al asiento trasero, abate un asiento, busca la mochila de la cámara, ¡coño! Está en la otra punta del maletero, mueve un par de bolsas, quita un par de abrigos, derrama algo del contenido de la bolsa de patatas, pega el tirón de la mochila porque se ha atascado el asa, descoloca otro poco del maletero… Cuando finalmente saqué la cámara, ya no se veían los rayos del Sol. ¡Genial! Primera oportunidad de conseguir una foto espectacular que perdíamos. Bueno, pues a seguir con el viaje.

Al rato decidimos parar a echar gasolina. Salimos de Madrid con calor, en manga corta. Cuando nos bajamos del coche en la gasolinera, hacía un vientecillo frío que te helaba las ideas. Pues nada, abrimos el maletero y cogemos un abrigo. No. No era tan fácil. Para sacarlos tuvimos que remover medio maletero. Las maletas estaban encima de los abrigos. Los abrigos estaban enganchados a los trípodes. Los trípodes estaban detrás de la red de sujeción. Pues nada, quitamos la red, tiramos los trípodes al asiento trasero, tiramos de los abrigos, y los jerseys terminan en el suelo. Ale, que hay prisa. Cogemos todo el mogollón y lo volvemos a meter como podemos. Aprovechamos que el asiento aún está abatido y empujamos para hacer hueco. Perfecto. De nuevo, todo dentro del coche. Podemos echar gasolina y seguir con el viaje.

Llegamos a la sierra conquense. Espectacular. Con la lluvia de los últimos días, el agua se desbordaba de los ríos, los bosques estaban rebosando verde y los contraluces del Sol y las nubes pintaban una estampa espectacular. Había que hacer una foto. "Víctor, ¿y las cámaras?" "En el maletero, creo". Pues volvamos al asiento trasero. Me suelto el cinturón, paso una pierna hacia el asiento trasero y piso un jersey. Paso la otra pierna y tiro una botella de agua. Aparto cuatro o cinco jerseys y veo una maleta. ¿Dónde estarán las cámaras? Ah, allí veo el lateral de una mochila. Tiro de ella y… está abierta. Ale, todo su contenido desperdigado por el coche. Cojo la cámara al vuelo, evito que un objetivo ruede hasta debajo de un asiento, miento a Víctor diciéndole que no se preocupe que la cámara es mía, en el lugar del teleobjetivo aparece un zapato… Segunda oportunidad de conseguir una foto espectacular, perdida.

El Sol se pone detrás de la tormenta
El Sol se oculta tras los nubarrones de la tormenta que se ceñía sobre Madrid.


Decidimos parar. Mejor montar los trípodes y tirar alguna foto a la puesta de Sol. Prometía. A lo lejos se veía la megatormenta que asolaba Madrid. El Sol estaba a punto de ocultarse detrás de las nubes y éstas ya se teñían de fuego. Rápido, vamos a coger las cámaras. "Víctor, ¿y las cámaras?" "Me parce que están en la bolsa de las patatas". Ale, limpia la cámara (la otra no aparece), busca un trípode, aparta la maleta, deja esa bolsa en suelo del coche para no perderla, agarra ese zapato que se cae, ponte el abrigo que vas a coger frío, deja las gafas donde puedas,  encuadra el Sol… ¿Dónde está el Sol? Ale, tercera oportunidad de conseguir una foto espectacular que se esfuma.

Tiramos el trípode al asiento delantero porque en el asiento trasero no se cabe y el maletero está impracticable. Decidimos seguir sin parar hasta Las Majadas.

Aunque parezca mentira, finalmente llegamos al Camping de Las Majadas. No os podéis hacer una idea de las ganas que teníamos de llegar… y de estirar las piernas. El coche se parecía más al dormitorio de un soltero que el interior de un coche. Así que agradecimos el hecho de poder salir a saludar a todos los que andaban por allí. Patricio y Maribel, Murnau y Mar, Fobos, Onti y Nadia… La recepción fue apoteósica. Y encima parecía que podía despejar. Así que nos fuimos al bar a darle algo de tiempo a la meteorología para que nos dejase observar. Una cena rápida, unas cervezas, unos postes, otras cervezas, unas copas, más cervezas… Cuando nos quisimos dar cuenta, nos habían cerrado el bar, el cielo había despejado, Patricio había montado su telescopio y se podía hacer algo de observación. Os aseguro que no salgo de mi asombro cuando veo a Jesús y a Patricio mover el Dobsoniano. Lo giran, lo suben, se asoman y ¡ale!, ahí tienes los velos, o M4, o Saturno. Cuando los miras con asombro, sacan un soplador del bolsillo y se ponen a quitarle la humedad al espejo secundario del telescopio. Así, como si nada. Son unos fenómenos.

El cielo de Las Majadas
El cielo de Las Majadas es impresionante. Hasta la Vía Láctea se ve a simple vista.

Después de eso decidimos irnos a la cama. Serían las 4:30 de la madrugada y la humedad llegaba a ser molesta. Todo el equipo goteaba agua sin parar. De camino al hotel vimos que el pueblo estaba siendo engullido por la niebla. La mezcla de luces, sombras y zonas difuminadas por la niebla convertían la estampa en un cuadro goyesco. Así que sacamos las cámaras (no preguntéis dónde estaban), los trípodes y nos pusimos a tirar unas fotos antes de irnos a dormir.

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